viernes, marzo 23, 2007

Y la mañana después.


Al igual que prensas cúbicas de mercurio detrás de tu mandíbula, apretando y triturando y plateadas, llegaron en calmas olas de pánico.

Llegaron a través de la lúcida mañana, frescas y sin descanso, completamente nuevas. Llegaron a través de la habitual y conocida sodomía de pensamiento, luz perfecta, brillante como perladas lineas de cocaína en su perfecta ignorancia.

Caminando pieza a pieza, pedazo a pedazo. Acuéstate, deja de temblar. Apaga la música. Apaga mi voz. Vibraban todas con amenaza, pues el calor de la helada noche se había ido y dejado huesos blanqueados, esqueletos de trazas de hierba y pánico y polvo y vida y muerte. Sobre el mesón.

Deslizándome por los pasillos, dedos insensibles, descarados luchando contra botones, y ojos de persianas bajas, luchando contra la luz lechosa que se peleaba por estrangularse dentro de las no tan cerradas cortinas y a través de las ventanas.

Decidí sentarme en las escaleras de la ceniza del amancer. Soplar e inhalar. Ser y no ser. Mejor pestañear y que los pensamientos corran y compitan por la única via de acceso en toda mi anonadada memoria. Y el sol salía en Santiago. Y el sol salía en Santiago.

PbX the Lager Ale ♠

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