domingo, abril 08, 2007

Latinoamérica


Padre nuestro que estás en los cielos
con las golondrinas y los misiles,
quiero que vuelvas antes de que olvides ,
cómo se llega al sur de Río Grande.

Padre nuestro que estás en el exilio,
casi nunca te acuerdas de los míos ,
de todos modos donde quieras que estés.
Santificado sea tu nombre,
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas
sucias de la miseria.

En agosto de mil novecientos sesenta,
ya no sirve pedirte
venga a nos el tu reino.
Porque tu reino también está aquí abajo,
metido en los rencores y en el miedo;
en las vacilaciones y en la mugre;
en la desilusión y en la modorra;
en esta ansia de verte pese a todo

Cuando hablaste del rico
la aguja y el camello
y te votamos todos
por unanimidad para la Gloria,
también alzó su mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía
a pensar "hágase tu voluntad".

Sin embargo una vez cada tanto
tu voluntad se mezcla con la mía.
La domina.
La enciende.
La duplica.
Más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuándo creo de veras lo que digo creer.

Así en tu omnipresencia como en mi soledad,
así en la tierra como en el cielo,
siempre
estaré más seguro de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora.

Pero quién sabe,
no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga
tu voluntad, igual se está haciendo en el viento
en el Andes de nieve.
En el pájaro que fecunda a su pájara,
en los cancilleres que murmuran: "Yes, sir",
en cada mano que se convierte en:
"claro no estoy seguro si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse"
Lo digo con irreverencia y gratitud,
dos emblemas que pronto serán la misma cosa.
Lo digo sobre todo pensando en el pan nuestro
de cada día y de cada pedacito de día

Ayer nos lo quitaste,
dánosle hoy.
O al menos el derecho de darnos nuestro pan,
no sólo el que era símbolo de Algo,
sino el de miga y cáscara:
el pan nuestro.
Ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas,
perdónanos si puedes nuestras deudas
pero no nos perdones la esperanza,
no nos perdones nunca nuestros créditos.

A más tardar mañana
saldremos a cobrar a los fallutos,
tangibles y sonrientes forajidos;
a los que tienen garras para el arpa
y un panamericano temblor con que se enjugan
la última escupida que cuelga de su rostro.

Poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros.
Una vez.
Por error
perdonamos a nuestros deudores.

Todavía
nos deben como un siglo
de insomnios y garrote.
Como tres mil kilómetros de injurias.
Como veinte medallas a Somoza.
Como una sola Guatemala muerta.

No nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado,
o arrendar una sola hectárea de su olvido.
Ahora que es la hora de saber quiénes somos,
y han de cruzar el río,
el dólar y su amor contrarrembolso.
Arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia.
Amén.



-Benedetti

PbX the Lager Ale ♠

Porque a pesar de todo, soy latinoamericano.

Y gracias Tamy por la inspiración. La esperanza. Y los años que llevo sin verte.



1 lectores expresivos:

Mauricio Rebolledo dijo...

Tremendo texto...no lo conocía.
Gracias por volver a presentar un tema antiguo, la diferencia norte sur.
Como la resolvemos?